Justino Marinho (Una mirada sobre Bahía)

Una mirada sobre Bahía

Justino Marinho

Bahía, lugar de múltiples historias, tiene la capacidad de encantar a aquellos que llegan a sus tierras, sobre todo los venidos del continente europeo. No fue diferente con el artista plástico José Morea. Español, nacido en la pequeña ciudad de Chiva, en Valencia, y acostumbrado a andar por el mundo en busca de visiones capaces de provocar su inmenso potencial creativo.

Siempre que necesita preparar una nueva exposición o una nueva serie de obras, Morea acostumbra a instalarse en lugares distintos de aquel donde mantiene su residencia fija. Con esa intención, estuvo en varias ciudades de Italia, La India, Bután, Nepal y Tíbet. Se confiesa un artista nómada, y por tanto conocedor de muchos misterios repartidos por el mundo, y a juzgar por la elección de la mayoría de lugares que busca, siente predilección por lo exótico. Bahía ya conquistó innumerables artistas desde tiempos inmemoriales y cada uno elaboró una obra con características propias, exaltando más o menos su exotismo. Es cierto que ningún artista permanece inmune a la magia que existe por aquí. Su llegada a Brasil no tenía como objetivo inmediato crear obras para exponer. Fue una especie de vacaciones, ya que una serie de obras suyas estaban recorriendo países iberoamericanos y debían pasar por Sâo Paulo y Bahía. Pero su mirada aguzada y su obsesión por el trabajo no resistieron las nuevas visiones apreciadas en estas tierras, y en unos pocos meses, a través de pinturas y dibujos, creó un notable diario, en el que las influencias de su tierra y de otras tierras visitadas, se mezclan con motivos bahianos, transformándose en un material de suma importancia, digno de una exposición específica.

A través de un amigo común, tuve la suerte de conocer la producción bahiana de Morea, e incluso pude hacer un buen artículo para el Correio da Bahia, periódico en el que firmo una columna de artes plásticas desde hace más de 20 años. A través de catálogos de varias exposiciones realizadas en Europa, quedé aún más emocionado con su talento y, sobre todo, con la expresividad de su arte. Es impresionante su capacidad para tratar asuntos y culturas tan diferentes, guardando siempre una coherencia y consiguiendo crear imágenes completamente nuevas e inusitadas.

En Bahía, José Morea consiguió reflejar una parte del amplio mundo de sueños y realidades que esta tierra ofrece. Todo realizado a través de una óptica muy particular y con absoluta libertad. Libertad de quien sabe observar y traducir tipos, mentes, paisajes, miradas y hasta pequeños gestos de personas que pasean por las calles. Sus creaciones bahianas contemplan, entre otras curiosidades, sorprendentemente, un abecedario mudo, construido a partir de un folleto entregado en la calle.

Absoluta libertad, esa es la tónica del arte de este español que trae de su gente una herencia cultural fabulosa, especialmente en el campo de las artes plásticas. Muchos de los grandes maestros de la pintura fueron españoles, y se sabe que hoy, además de Morea, grandes y buenos artistas contemporáneos están en aquel país.

La pintura de José Morea no conoce reglas ni se encuadra en escuelas. Él permite que surja naturalmente, sólo contando con la emoción, las experiencias adquiridas en el acto de lidiar con los materiales y el uso de una técnica personal e intransferible, adecuada a sus fines expresivos. La labor intelectual se manifiesta desde el primer impulso, confiriendo un dominio y una seducción más equilibrada al cuadro. Algunas influencias se mezclan con su sensibilidad. Es visible un toque oriental en las figuras que pinta, tal vez aún como reflejo de su estancia en aquella parte del mundo. De repente, los orixás de la cultura bahiana pueden ser fundidos, intencionadamente o no, con figuras de la mitología oriental. Cuestiones polémicas y profundas como la relación del hombre con la muerte, arraigadas en aquellas partes, pueden ser colocadas en contrapunto con lo que existe por aquí.

Por parte del artista no existen compromisos firmados con la figuración o la abstracción, ya que sus figuras, muchas veces, nacen de manchas reelaboradas o son construidas sólo por manchas, que aisladamente nada representan, además de visiones abstractas. El hecho de lidiar, en primer plano, con el sentimiento, le permite a Morea tener un enorme poder transfigurador. Usa la deformación para intervenir en la imagen de la realidad. La imagen, en su verdad visual, no cubre las necesidades de expresión del artista. Es como si procurase adaptar a la imagen de las realidades exteriores la imagen de sus realidades interiores. Por tanto la modifica, altera y deforma para expresar mejor sus impulsos interiores.

El taller que ocupó en Salvador, donde fueron realizadas las obras de esta exposición, queda frente al mar, con una vista privilegiada, pero la atención de Morea estuvo siempre más dirigida hacia el movimiento de las figuras humanas que pueblan el lugar. Es de una fina percepción el díptico donde aparece un Ogun marino y una Iemanjá, dos orixás de la cultura afrobahiana, inspirados en un hombre y una mujer que entraban o salían del agua al final de la tarde. Los bañistas, vistos desde su amplio ventanal, fueron constantes fuentes de inspiración, transformados algunas veces en figuras mitológicas, construidas con sensualidad en algunos casos, con explícitas referencias eróticas, fortalecidas por el tono irónico, pues la ironía es una constante en casi todo el trabajo de este artista.

Atento a todo y a todas las imágenes, mezclando materiales diversos y experimentando tejidos, papeles o cartones de texturas diferentes, Morea no tiene mayores preocupaciones como la creación de valores predominantemente estéticos basados en las formas regulares, el equilibrio de las proporciones, y mucho menos en seguir los principios tradicionales de belleza. Le importan mucho más los valores afectivos y la posibilidad de imprimir un sello personal en aquello que pretende registrar.Imagino que para un artista como José Morea es mucho más importante reflejar la profundidad del alma o traducir la esencia de las cosas.