José Garnería (J. MOREA VI SEMANA CULTURAL VILLA DE CHIVA 1985)

Si al comienzo de sus quehaceres artísticos se.inició con el deno-._ minado «arte pobre», empleando materiales que provenían de la naturaleza que le rodeaba, posteriormente pasó a lo que podríamos denominar «figuración narrativa», al apropiarse de la imagen y del objeto y establece? un itinerario de desplazamiento preestablecido en la composición.’ A ello, Morea unía un código sígnico situado entre lo gestuai y la llamada «pintura de acción», que le permiten, en en el tiempo, acceder a lo «tecno» y a lo «hortera», como paso pre­vio a la filática en torno a lo egipcio, a su estancia en Italia, a sus problemas, a la referencia posterior de los volcanes.

Algo que dije hace muchos años, en su primera exposición sigue siendo vigente en esté artista: ¿Qué son estas obras sino ele­mentos que expresan una naturaleza posible incluso de englobar dentro de un contexto sociológico-artístico? De hecho, Morea casi siempre se ha basado, ha referenciado su obra, en series temáticas; un breve y rápido resumen nos permite citar «Formas con paisajes», «Interiores con TV», «Personajes en su contexto», «Forzudos», «Sandía Sunday Bugui», lo egipcio, lo italiano, los volcanes, y… ahora una referencia a Chiva*y su «torico».                                       

Es el toro, su historia, sus atributos, la referencia a su ciudad natal, Chiva, a su fiesta, al paseo del toro de casa en casa, de moza en moza. Es la historia del toro y del personaje, su radiografía y el para­lelismo con la pintura y el hombre: la siempre existente dicotomía. Podía ser, llegar a haber sido, una profundización en la infancia pasada, en los orígenes ancestrales de la fiesta de Chiva, pero hay que decir que Morea se plantea la Exposición, los cuadros, desde la perspectiva de su estancia en Mallorca, desde la lejanía y el recuerdo.

Es así como ante la obra que presenta nos podemos preguntar si el toro acosa a Morea o Morea al toro; es, no cabe duda, la búsqueda de la identidad, la batalla, el juego entre lo ingenuo y lo morboso. Es el nacimiento del toro desde la temática del volcán. Conviene acla­rar que en la obra actual, la rapidez en el signo, en el brochazo, y la < ciertadespreocupación por el acabado, son el resultado consciente e intelectualizado de sus vivencias artística.

Tampoco el color es el mismo; aunque siguen permaneciendo en la gama de los cálidos, ya no son oscuros, aunque sí manchados, sucios, oscuros…, qué nos hacen caminar en la lectura de su obra, en la visualización, de lo sutil a lo tenebrista. Vemos líneas que definen franjas, elementos recordatorios de lo erótico en la vida cotidiana, la plasmación de la soledad del ser sentado ante el cuerno y el toro. Cabezas, cuerpos, color, signo  grafismo…,a veces conviene realizar una lectura grosera en el análisis de estos cuadros, en darnos cuenta que el artista llega a visionar al toro desde los más diversos puntos de vista, sin olvidar aquello que pueda considerarse superfluo pero que en Chiva no lo es: la cuerda, las borlas y la ausencia de muerte, así ‘como la presencia festiva, lo vivo.      

JOSÉ GARNERÍA