José Morea (Catálogo 16-1-84)

JOSÉ MOREA

CATÁLOGO

16-1-84. Lunes

Todo había sido de alguna manera accidental.

La conclusión mágica no podía ser más inoportuna. A pesar de que el lunes lunar creciente, «La plaza» y las perspectivas inmediatas no pudieran ser más exultantes, el caso es que lo que pasaba alrededor en ese momento, no tenía nada que ver con lo que a mí me interesaba.

Se daba la circunstancia de que estaba esperando a alguien, alternando dibujos en servilletas con «Profun­das» reflexiones verbo-ales.

19-1-84. Jueves

Ahora, tres días más tarde, también estaba esperando, pero en otro sitio no menos imposible. Escuchaba a los «Jóvenes gigantes de mármol» y tenía la seguridad de no poder controlar todo lo que llevaba entre manos.

Notaba pasar el tiempo como el viento de los locos, mezclado con sol casi de verano. Las industrias químicas y las estructuras metálicas que contendrían otras, no las movía el viento. Cerré la ventanilla de la izquierda.

La Torre y El Colgado ya me habían hablado de dispersión y falta de referencias concretas. El trabajo, a pesar de ciertos cambios de planteamiento y materiales, tenía la seguridad de controlarlo, pero me estaba metiendo en bastantes líos. No había manera de compaginar movidas tan dispares como transportista, camaleón, equilibrado (-ista) y noctámbulo… y ahora, para colmo, cataloguista.

De pronto pensé que en el fondo estaba seguro de que estas movidas, eran precisamente los motores que me daban marcha. El caso es que me había planteado escribir(me) unas letras para mi catálogo, como quien se come una fruta verde divertida o se rasca la espalda.

En realidad era como mandarse una postal, cosa absolutamente normal entre narcisos y exhibicionistas.

Como nunca lo había hecho, pensé que por qué no, y me puse a ello, no sin ciertos problemas de «Responsabilidad» y rebuscada búsqueda de la genialidad y los adjetivos, que si bien en principio, no te divierten, pueden llegar a producirte cierto cosquilleo, por su simple planteamiento de pirueta. 

20-1-84. Viernes

Después de tomar un café en «Les Vegues del Mercat», y atravesar las calles donde los asesinos habituales tampoco habían dado conmigo, entro en el bar, enciendo la luz y saludo al cachorro de pastor alemán que no niega su alegría. Los restos de la noche anterior aún están por retirar. Atravieso la estancia con piso de corcho entre el Chrysler Building, Rita Hayworth y Victoria Abril. La vista imposible por la ventana, y el montacargas con cajas de coca-cola me preparan para decidirme entre la Rita, que me ofrece un winston mientras se quita un guante y Victoria que me recomienda un martini. No echo de menos las avenidas de esfinges.

En el segundo piso, donde veo «Películas» que a veces me cuento, todo debe estar como lo dejé ayer. Procuro hacer ruido por la escalera para no soportar vergüenzas de Arpías y Egipcios jadeantes, me extraña no encontrar ningún cisne por la escalera.

Me paro delante del cuadro que cuenta una historia sepulcral en Almacenes Saqqara. Marerouka no sólo proyecta su imagen en cierto tipo de neones, sigiloso, se presenta y exhibe entre sirvientes, cantantes y encantadores de serpientes, las esfinges guardianas y las «cheek-in», sí cumplían la misión para la que habían sido creadas.

Continúo la inspección entre residuos de antiguas compañías de seguros y cartón de fallas. Acabo poniéndome el mono y pensando con qué personaje acabaré haciendo el amor. 

22-1-84. Domingo

En otra servilleta de bar, junto a un número de teléfono, había anotado de un modo automático: Adivinar los tres significados de la A.rpía. En la parte de atrás y en otro momento, escribí: A.mbigüedad-AmbiValencia-AmbVioIencia. Me pareció más que divertido, sobre todo el análisis Etimológico-Connotativo que podía entreverse en laInterrelación-Intersecciónde las Frases-Flashes, y que daba una lectura invertebrada de lo que había sido toda una revelación. Cerrando el Klinex junto a una cabeza del egipcio, y pudiéndose leer malamente, añadía; El Azar como parte Integrante-Importante, de los tres significados de la Arpía.

A esta especie de acróstico (AAAAVAVECIIFFAIIA), le llamo familiarmente Avabecefia, Arpía del azar, especialmente conocedora de mi obra. Hace un rato he estado comiendo en «La Lonja» con Avabecefia, ella comentaba sin cesar el grado de dogmatismo irracional al que pueden llegar las sociedades y ponía como ejemplo la actual occidental. Estaba como molesta y no dejaba de agitar las alas, con un movimiento bastante estudiado, yo me apresuraba a aclararle lo que por la mañana me había contado un amigo. Este decía: si miras en un diccionario —verás— que lo que se dice de estas buenas señoras es, como en la mayoría de los casos, un error.

(Arpía = 1 Ave mítica con cabeza de mujer y cuerpo de ave rapaz. 2 Mujer perversa o muy fea. 3 Persona codiciosa o astuta).

Y         añadía:

Aun a riesgo de recibir castigo divino o humano, me atrevería a defenderlas donde hiciera falta. Es un rollo de fijación cultural… No pueden ser malas, teniendo por hermanas a Arpegia y Arpa, aunque Arpona a veces no puede evitar ser algo putón, es como la Hécate, que aunque tenía parientas inteligentísimas y buenas —Artemis, Asteria— tampoco podía evitar ciertas atrocidades novilunias.

Y         continuaba:

La versión alejandrina de Isis, mucho más sofisticada y antigua, no puede parecerme más excitante y ambigua, aunque reconozco que fue un error que en el año 186 d. C. reemplazara festivamente a Baco. Porque según parece se había corrompido groseramente. También recordarás a la Arpía «Singer», que estaba fotografiada en las máquinas de coser de todas las mamás de Occidente.

24-1-84. Martes

El material-resultado es bastante convincente y me da marcha, pero las condiciones y la temperatura no pueden ser más mínimas, por eso me pongo a escribir mientras imito chimeneas.

Mañana, sin falta he de pagar el alquiler y comprar más cartón.

Me pongo encima algo que en principio no abriga y observo las dos esfinges colgadas del techo, todavía se mueven. A pesar del color neutro del cartón, las formas que proyecta el neón se recortan firmes, y el movimiento que conservan las hace mas creíbles aún. Son híbridos raros, mezcla de centauro alado de tres patas, cola de serpiente, cabeza de Arpía, buenas o malas según se miren y alma de cartón incombustible. Son buenas guardianas aunque no lo parezcan. Se llaman Avianca y Pegasa. El resto de objetos, alimentos y artilugios de uso habitual de los que tienen que ocupar la parte más oscura de la tumba, los elementos más decorativos y escenográficos ocuparán el sitio que les corresponda, los «Bajorrelieves», ya pintados de base con tierras y almagras, van tomando el aire que pretendo (el frío de nuevo me obliga a pensar qué tomar).

De repente, siento como un viento húmedo en la nuca, y una sensación ultrasónica. Me precipito a quitarme de encima lo que todavía no abrigaba y me incorporo de un salto. Observo una especie de remolino de restos de poliespán y la presencia que había sentido, segundos antes, estaba allí. Era el camarero, que por fin subía el coñac que me ayudaría a combatir el frío de martes marciano que sentía. 

Momentos después

Después de intercambiar unas palabras con el camarero e intentar explicarle lo del martes-marciano, recordé los cuadros de servidores, que por falta de tiempo no había resuelto cuáles vendrían a ARCO, para servir a los de «La parte más obscura de la tumba». Tenía que seleccionar doce entre la treintena de que disponía. Los grapé en la pared para procurar el diálogo que les negaba desde hacía tiempo. En este caso se trataba de elegir los mejores, y me sentí un poco académico.

Es una serie que comencé el verano pasado en Pedralba, en uno de esos días que revisar trabajos antiguos me hizo sentir cierto repelús. Los soportes que utilizaba hace años, eran de lo más peregrino, pero me precipité a buscar algunos de los restos de materiales de soporte, que aún debían estar por allí. Efectivamente, en una caja, rollos de papel de empapelar y tubos de óleo secos. Me precipité a componer una nueva situación. Estaba metido de lleno en una cierta iconografía hostelera, y la «Horterez» de los papeles (railites, mármoles y cachemires) me pareció efectivamente el soporte ideal.

Pasé el verano entre los colovales y otro tipo de situaciones menos confesables. El resultado, lo expuse en Val i 30 a finales de la temporada pasada (Sandía-Sunday Bugui).

Después de verlos frente a mí y aunque alguno se estaba comiendo los manjares de los dioses, me sentí francamente solidario con el gremio.

25-1-84. Miércoles

Antes de decidir qué carretera coger, derecha o izquierda, intenté hacerme una composición de lugar, no lo conseguí y me vi de pronto en una dirección que no había decidido. En el cruce que habíamos dejado atrás, un indicador aseguraba: Pedralba, cuna del mejor vino.

Subimos con todo lo necesario a la cambra que en otro tiempo contuvo garrofas.

Todo, hasta el Turia, seguía su cauce habitual, el que se suponía que tenía que seguir. Estuve pensando muchas cosas, unas más bárbaras que otras y tampoco llegué a ninguna conclusión.

David y Ana se movían de un lado a otro del estudio. Sole se comportó como la Arpía buena de la película.

Focos y cámaras dispuestos a recibir impactos de lavabos, sombrillas, forzudos y miradas «Ho-rusianas».

Eran trabajos realizados desde 1979 en diferentes estudios y momentos vitales. Se trataba de recoger a modo de redacción, material que ayudaría a inspeccionar las series que he ido recorriendo como avenidas autobiográficas.

26-1-84. Jueves

Acabo de llegar de Gandía, de recoger material fotográfico que me ha hecho Pere, marido de Charpa (Isis-Hécate por excelencia) y el viaje resultó de lo más flasheante, no pude evitar un cierto juego con el tiempo y las imágenes. La Ribera, inundada no hacía mucho, no cantaba historias subacuáticas, ni contaba con datos suficientes para asegurar que el cementerio de Algemesí fuera parecido al de Tebas.

En mi radio sonaban himnos modernos y la velocidad era otra… alguna pirámide con palmeras, templones intemporales y la S   serpiente costera, pero no recordaba Tebas ni el motivo de mi viaje.

1-2-84. Miércoles

La tarde fin de mes, día Marte 31 -1, no ha podido ser más incontrolable. Se trataba de la visita a mi estudio de una gente, que tenía que ver, de alguna manera, con mi trabajo.

En principio, el número de contertulios era de siete u ocho, pero desde los últimos carajillos en Caliú, a los primeros whiskys de Radio-City, fue aumentando hasta llegar a catorce o quince.Naturalmente, el diálogo fue, por puro disperso, inútil. Los grupos pequeños que hablaban de cosas y escarbaban entre los papeles, no los recogía el «Cassette», que para colmo, se había olvidado.